UN PARO POR LA PAZ
Y POR LA PERUANIDAD
Lo de hoy y mañana en Ayacucho, y de 72 horas en regiones como la de Moquegua, podría tomarse como el pulso de la discusión gobierno y pueblo, desde el punto de vista de vista constitucional. La Ley de Leyes la contempla como un rederecho a toda forma de protesta, dentro de los parámetros de la paz, el orden y la seguridad, que se garantice para la patria, y los gobernados no hacen sino uso legítimo de ese derecho.
En consecuencia, a diferencia de lo que insinúa el gobierno a través de ministros como el de Defensa, cuando afirmaron que quienes la convocaron estaban "llamando a la violencia", se equivocaron de canto a canto, y por doble partida, por cuanto quien llama al acatamiento de un paro no necesariamente llama a hacer violencia contra nadie, menos contra el gobierno.
Y no podría ser de otra manera, porque la CGTP -en primer lugar- y todos y cada de los coordinadores de los partidos y movimientos políticos del Perú, convocantes del Paro, son hombres no solamente legítimos sino públicos, que en su sano juicio jamás dirían "salgan a hacer violencia", "destruyan tal o cual bien", "desestabilicen al gobierno ni vaquen al prsidente de la república". Lo más que están pidiendo con la huelga es que el gobierno atienda los reclamos del pueblo, al que representan, explicitados en sus correspondientes plataformas nacionales, regionales y hasta locales. Y nada más.
En cuanto a las regiones específicas como Ayacucho o Loreto, que además del 9 paran el 8 (hoy), reclaman que los soldados norteamericanos no atenten contra los intereses nacionales -ni por asomo, ni por sospecha- cuando por ejemplo persistan en la idea de instalar una base en doquier territorio nacional, como comentamos ayer. Ahora, si como dicen en el gobierno todo esto es falso, ¡mejor que mejor!; que el gobierno emita un documento del más alto nivel asegurando que los "Robocops de ojos verdes" se irán inmediatamente del país, llevándose junto con ellos sus helicópteros, sus armas y sus almas. Y punto.
Por otro lado, el paquete de decretos que criminalizan a los que luchan por sus derechos, que pretenden la venta del territorio y sus correspondientes recursos a voluntad y al poder de capitales extranjeros, legalizar el despido de los trabajadores, conculcar derechos ganados con sacrificio y lágrimas, etc., no son sino motivos de observación y cuestionamiento a evaluar y modificarse en las instancias más altas. ¿Por qué negarse a oír estos reclamos?
Si se le ve por entero y con ojos serenos, el Paro convocado para hoy y mañana en Ayacucho, podríamos o deberíamos entenderlo como un Paro por la Paz sin fuerzas extrañas en nuestra patria, que podría provocar violencia en cualquier momento si se quedan; un paro por la Peruanidad, por la defensa de su territorio, sus aguas, sus aires, sus minas, su destino -en última instancia- que le corresponde asumir a cada país, libremente.
Que la gente salga, que grite, cante, enarbole la Bandera Peruana, en el entendimiento reiterado de que lo garantiza su Constitución y que el 10 de julio efectivamente continúa la vida, con lectura -eso sí- del o de los mensajes que se emitan a través de este Paro Cívico.
DÍA INTERNACIONAL
DE LA MUJER
Ya que nos gustan los homenajes, hoy 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sumémonos a los múltiples y variados homenajes que en el mundo entero se rinden a la mujer, muy merecidamente. Recordemos entonces, en primer lugar, que esa fecha fue lograda merced a "una larga lucha sin miedo a la felicidad, sin miedo del placer, sin miedo de luchar por una revolución que deberá ser social, sexual, y profundamente cultural. Sin miedo de levantar las banderas rojas de la lucha por la liberación de la humanidad. La liberación de hombres y mujeres".
Es que las raíces del Día Internacional de la Mujer son socialistas. Una lucha libertaria, socialista y comunista que se remite a los comienzos del siglo XIX. Una lucha feminista que fue arrancando adhesiones en todos los países, y que podríamos estudiarla con mayor precisión en el libro "El origen de la familia, de la propiedad privada y del estado" de Federico Engels. Mención especial merece en este homenaje Clara Zetkin que ni bien se fundó la Internacional Socialista, comenzó a hablar, escribir y organizar la lucha de las mujeres para integrarlas a la lucha socialista. Proyectaba la visión de que ellas tomaran su lugar en la lucha de clases, su lugar en la revolución socialista que estaba próxima.
Se puede leer, una y otra vez y con detenimiento científico, lo que sobre sus orígenes y motivaciones se escribió en la mencionada obra: "Las más explotadas son las madres de nuestro pueblo. Ellas están de manos y pies amarrados por la dependencia económica. Son forzadas a venderse en el mercado de la boda, como sus hermanas prostitutas en el mercado público". Habría que evaluar si esta situación ha cambiado y cuánto es que falta por hacer, para que esas madres del pueblo se sientan reivindicadas.
Y pisando tierra, miremos cómo se concibe el Día Internacional de la Mujer, después de la intromisión y torcedura histórica que le han hecho los que dominan el mundo. Esto es, en qué condiciones, con qué avances y con qué perspectivas. La colega Peláez dice sobre el particular: "La lucha de esas mujeres por lograr un mundo mejor está más lejos que nunca. La humanidad se debate en un peligro de destrucción global por la ambición de unos pocos, los mismos que iniciaron una guerra sangrienta en el Medio Oriente convirtiéndolo en un callejón sin salida y donde hoy la madre, la esposa, la hermana y la hija ven con horror cómo se desangran los suyos".
¿Ya lo ven? No podemos entender la lucha de la reivindicación feminista si no aprendemos a ver que no es un problema sexual, un problema de género, un problema de cupos en las elecciones, un problema de igualdades estrechas con el varón. El machismo es un problema que se ubica en un segundo lugar, si vemos por entero el problema social, y comprendemos en las mujeres su condición de pares nuestros, de compañeras, de nuestra mitad, en un mismo asunto: la liberación. El caso de esas tres mujeres iraquíes condenadas a muerte por pertenecer a la resistencia anti-imperialista: Wassan Talib, Zeynaba Fadil y Liqa Qamar, sin asistencia jurídica por obvias razones, y a las que hay que liberar para liberar -de ese modo- a los hombres y las mujeres irakíes, que por igual sufren los abusos de los invasores, sintetiza la verdadera causa de las mujeres y los varones del mundo entero. Ese es el problema y no es cuestión del lecho.
En Ayacucho igualmente, nuestras madres, esposas, hermanas e hijas que agrupadas o no en ANFASEP padecen el castigo del olvido, la injusticia o la burla oficial, luego de haber sido privadas de sus compañeros, hijos, padres o hermanos en guerras sucias y masacres ventajosas para los "heraldos verde-olivo", son como esas tres mujeres iraquíes por cuyas cabezas penden criminales sentencias.